La tormenta da miedo, es por eso que cierra los ojos con fuerza, tratando de ignorar el sonido violento de las gotas contra la ventana. Aunque la tormenta asuste al final siempre termina dormida.

Huele a sal, se despierta y encuentra que esta recostada en su cama, pero que su habitación desapareció. No sabe donde esta, debajo de ella se ve un cielo azul muy bello pero encima su cabeza también se ve el cielo,  como si hubiera un espejo inmenso encima.

Baja de su cama y se encuentra con que si hay suelo, pero esta mojado, como un gran charco que se ve arenoso, toma un poco, es sal, comienza a caminar, tal vez encuentre a alguien que le diga donde esta, pero por donde mire solo se ve esa extraña ilusión de un cielo sobre el otro, además de que se siente cansada y con sed.  Es cuando ve un árbol, lo haya  extraño pero se queda a descansar.

Esta haciendo montículos con la sal cuando piensa que vio a una persona a lo lejos, la pequeñita figura humana va creciendo cada vez mas hasta llegar a ella, era un hombre cubierto por completo con ropas desérticas, al cual solo se le veían sus ojos de un curioso color amarillo.

-¿podría decirme dónde estoy?- pregunto

estas en un salar– le respondió con una voz grave muy hermosa- esto es como una especie de desierto de sal, pero ya ves que es más como un lago superficial– explico el hombre. Conversaron por mucho tiempo y el extraño también le regalo agua.

sabes tengo hambre, llevo días buscando que comer– dijo mirándola con sus ojos amarillos

¿puedo ayudar?- se ofreció ella amablemente

podrías… ¡ser mi cena!- el hombre se despojo de sus ropas, resultando ser un cocodrilo inmenso.

Salió corriendo aterrada, con el cocodrilo tratando de alcanzarla, con cada pisada del monstruoso  animal el suelo se rompía, de las grietas comenzó a salir agua, cada vez más y más, lo que hacía que corriera más lento  y que fuera más fácil para el cocodrilo atraparla. Vio su cama no muy lejos, con gran esfuerzo subió a ella, pensó que estaba a salvo, pero el animal comenzó a devorar la cama arrojándola al agua, solo sintió como era jalada por el reptil de aquí para allá como una muñeca hasta perder la conciencia.

Al despertar miro aterrada como tenía un brazo tirado a metros de ella, una pierna, su torso y lo peor era que su cuerpo desmembrado estaba cubierto de lama, se sentía tan miserable que comenzó a llorar, lo que atrajo a un banco de peces voladores todos coloridos, que se comieron la lama de su piel. Los peces atrajeron a unas mujeres que iban sentadas en el mango de sombrillas voladoras, aquellas mujeres eran pálidas, muy hermosas, en vez de ojos tenían huecos negros, que arrojaron redes sobre los peces y atraparon también su cuerpo, cuando la vieron le ayudaron a cocer su cuerpo, le dieron una sombrilla y una red.

Se decidió a encontrar al cocodrilo y atraparlo para hacerlo pagar, busco, busco hasta encontrarlo durmiendo bajo el sol, arrojo la red sobre el cocodrilo que despertó y comenzó a luchar, para empeorar su situación llego una tormenta, ahora no solo luchaba contra el animal, sino que también contra el viento  que hacia subir y bajar la sombrilla, además de su miedo a la tormenta.

 

 

El inconfundible chillido de su madre la despertó, corrió al lugar del que provino el grito, que era el baño, al entrar sonrió por lo que vio dentro de la tina.